VIDA Y OBRA DE UN NÁUFRAGO DEL SÁHARA





Es un buscador de aromas, un perseguidor de la fábula y el ensueño, un explorador de la belleza, un acólito de la mística de lo profano. Un sanador a través del éxtasis. Se cuenta el amor arrebatado, el irrenunciable, la hora inaplazable de los besos, la urgencia de los cuerpos sin demora, la lágrima más dulce, la risa más hermosa. Retratista de perfiles, paisajista al mismo tiempo, importan el personaje y el paraje exótico que le rodea, lo irreal casi se toca porque se transparenta en lo real. Y todo esto se ve porque se oye. Cantar con la voz remota que resuena en la memoria, ecos sefardíes junto a la “toná” y la zambra, oriente y occidente, ayer y hoy, armonía del futuro, alquimia del presente. Sus fuentes, lo familiar en su infancia; del flamenco, los cantes de ida y vuelta, tanguillos y bulerías; del rock la vieja escuela; del jazz el ejemplo, la actitud, la lealtad con la música.

De las letras españolas los hermosos poetas del veintisiete, la palabra exuberante, la poesía con alas. De las letras americanas, los cantores del Caribe y el realismo fantástico. De lo popular el humor, y de su tierra natal, la alegría. Su propósito..., acaso reescribir un refrán, reconciliarse con su alma, emular a Federico García Lorca, divertir..., acaso emocionar.

Treinta años de oficio avalan a este músico creativo y diferente a todos los de su cultura y generación. Compositor, arreglista, guitarrista y cantante. Autodidacta y heterodoxo. Músico de frontera.

Estas y un sin fin de definiciones más se han empleado para definir a este creador inclasificable por lo personalísimo de su propuesta artística. Fronterizo con el flamenco siempre se dejó envolver y fascinar por él pero tomando la precaución de no hacerse pasar por lo que siempre quiso dejar claro que no era: un flamenco, no por falta de afición sino por absoluto respeto al mismo. Sin embargo una buena parte de la nueva música flamenca está directamente influenciada por este artista que se descubre como un auténtico innovador del lenguaje musical y poético.

Música y textos cuidados con la rigurosidad y esmero que le caracterizan. Buena factura en sus arreglos y una ejecución con la guitarra con mucha personalidad y fuerza. No solo se expresa bien en solitario sino que se rodea de los músicos más creativos y generosos cuando decide que su propuesta ha de tener más cuerpo y contundencia.

Las cualidades de su voz le permiten transitar con libertad y desahogo por las sonoridades del flamenco, la música del magreb, de india y del caribe en un ir y venir constante y armonioso que nos invita a creer con firmeza en que la fusión de las músicas y las sangres nos traerá un nuevo lugar de encuentro para la felicidad, un nuevo planeta que está aún en formación.

José Manuel Caballero Bonald opina sobre Javier Ruibal

En el ya copioso catálogo de la obra de Javier Ruibal comparece una cualidad que unifica sin duda el conjunto. Me refiero a su identificación con una muy concreta tradición popular y, a partir de ahí, a sus modales de artífice de una nueva -actualizada- concepción artística de esa tradición. La soldadura resultó perfecta en todo momento: lo popular se alió con lo culto sin ninguna fisura, con una impecable eficiencia. Podría decirse que Ruibal canta acordándose de lo que ha vivido, reencontrándose con ciertas modulaciones del flamenco y dotándolas en cada caso de unos innovadores nutrientes musicales. Nadie ha conseguido solventar como él esa difícil propuesta estilística.

Javier Ruibal dispone de una exquisita y rigurosa voluntad de integración en la historia social con la que convive. Sus canciones son a la vez hermosas y solidarias, íntimas y participativas, personales y universales. Pienso que sus perseverantes poderes de convicción dependen, sobre todo, de esa doble sensibilidad humana y artística de Ruibal, lo que no deja de ser una lección inolvidable.


copyright javier ruibal 2012